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La crítica literaria a lo largo de la historia

La crítica literaria tiene diversas formas y funciones. Su ejercicio puede cubrir desde el estudio de antiguos manuscritos y la realización de ediciones críticas hasta la exacta valoración del mérito artístico de obras o autores. Va desde el comentario de texto verso a verso hasta la historia de la literatura de un periodo o de un país, e incluso abarca los intentos de descubrir los factores morales, sociales y psicológicos subyacentes sobre los que descansa la literatura y todo el arte en general.

La crítica literaria occidental moderna arranca de la tradición griega, ya que fueron ellos los primeros en preocuparse por las cuestiones relativas al arte y a su valoración. Muchos de los criterios con que se juzga la literatura durante la Edad Media y la Moderna en Europa provienen directamente de los escritos de Aristóteles. Los romanos, en cambio, tan amigos de la retórica, poco pudieron ofrecer para innovar la crítica literaria, y durante su hegemonía esta actividad permaneció prácticamente muerta. Fue en el Renacimiento, cuando la Iglesia empezó a perder su control absoluto sobre la cultura y las manifestaciones artísticas de la cultura occidental, cuando se redescubrieron los textos aristotélicos y hubo un renacer de la actividad crítico-literaria. Sin embargo, durante esta época la influencia del poeta latino Horacio, a quien preocupaba la finalidad didáctica de la literatura, tuvo un efecto decisivo sobre la tendencia de la crítica. Las reglas clásicas de la composición literaria, no obstante, fueron ignoradas alegremente por algunos de los más grandes genios de la literatura universal, como por ejemplo por Shakespeare o por Lope de Vega.

Fue durante el Neoclacisismo que el apego a las reglas clásicas dirigió de tal manera la actividad literaria que los preceptistas como el francés Boileau influyeron directamente en la obra de escritores como Corneille, Racine y Molière. Un cambio importante en la historia de la crítica literaria tuvo lugar a mediados del siglo XVIII. Aristóteles había definido la naturaleza del hecho poético como una mimesis o imitación. Y hasta entonces la idea de que la principal facultad de los poetas podía ser una imaginación creativa solo había aparecido de tarde en tarde entre los practicantes de la crítica literaria. Fue necesario llegar a la reacción de la filosofía idealista para que surgieran reivindicaciones del poder creativo de una actividad como la literaria. De aquí que los hombres del siglo XIX,  habiendo reducido el culto a los clásicos de la antigüedad a simple respeto y admiración, habiendo establecido la imaginación como algo más que una facultad capaz de organizar la experiencia de los sentidos, y con una especial sensibilidad para el sentido de la historia, llegaran a una posición enormemente ventajosa con respecto a sus predecesores. Algunos críticos, como el inglés Matthew Arnold, vieron la literatura en el contexto de la sociedad y de la cultura como algo perfectamente integrado, mientras que en la ideología de otros el juicio estético predominó al valorar la obra literaria. Oscar Wilde, por ejemplo, sostuvo que todo arte carece de utilidad y que su fin está en sí mismo.

El siglo XX fue un siglo de expansión sin precedentes del conocimiento humano y de intensa especulación científica y filosófica. Hasta entonces, un cierto tipo de unidad había permanecido en la base de toda crítica literaria. Con el advenimiento de la crítica del siglo XX, la crítica se desarrolló en direcciones muy diversas. El crecimiento del interés en psicología llevó a una aproximación a la  obra literaria que iba en esta dirección. Al otro extremo de la linea la posición mantenida por los marxistas presentaba la cara del reverso de la medalla. Igualmente la aproximación biográfica cobra más y más popularidad entre los críticos. Y lo mismo hay que decir de los críticos formalistas y estructuralistas, quienes, junto con el “new criticism”, creen que el lector debe preocuparse únicamente del texto que se halla ante él.

Es evidente que en nuestros días la crítica literaria difícilmente puede o debe desentenderse de las diferentes corrientes o enfoques que han cobrado vigor a lo largo del siglo XX, por lo cual una valoración crítica de una obra o autor debe incluirlos a todos o, por lo menos, a los más importantes.  De no proceder de este modo el juicio crítico será imperfecto. La aproximación crítica debe poseer una calidad científica, procurando establecer unas conclusiones lo más desprovistas posible  de connotaciones subjetivas.

Finalmente, mencionar que se suele entender por crítica extrínseca o externa aquella relacionada con lo biográfico, lo sociológico o cualquier otro factor no estrictamente perteneciente a la obra literaria en sí. En cambio, aquella exclusivamente preocupada por el texto literario y su interpretación, sin recurrir a otros objetos de estudio, suele conocerse por el nombre de intrínseca o interna.

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